¡No vais a conseguir que deje de dar las gracias, caraperros!

Thursday, 27 de November de 2008

Autor: Stevie


Esta frase me ha estado rondando la cabeza durante todo el viaje de vuelta a casa después de una de esas comprimidas mañanas de periplo y faena. Ya sé que las cosas están mal, la gente está asustada y muchos incluso en situaciones extremas. Ya sé que Madrid es una ciudad especialmente antipática y aquí el turismo viene por inquietudes culturales -nunca lo entenderé- y no a recibir cumplidos y agasajos por parte de recepcionistas, secretarias y hosteleros, para eso ya están las Islas Canarias. Ya sé que hace frío y lo que más apetece es estar en casa debajo de una mantita con la churri entre las manos o, a falta de ella, con el mando de una consola, y no aguantando a clientes con prisa. Pero coño, si cada uno de nosotros que estuviera pasando por un momento un poco duro, o que no le gustara trabajar, o que tuviera un mal día, se calzara la máscara de doberman esto iba a acabar siendo una infernal perrera rebosante de babas y excrementos.

Yo creo que el cuento infantil -y no tanto- de la reacción 'viral' ante una buena acción, según la cual una buena acción o un buen gesto da lugar a una reacción en cadena que puede acabar cambiando la vida de alguien en última instancia, se puede aplicar de una forma mucho más consistente y creíble a la inversa, es decir, una mala contestación, una cara de perro rabioso, o cualquier trato injustificadamente desagradable, puede dar lugar una reacción en cadena que acabe arruinando la vida a alguien.

Y es que es verdad que cuando te has comido dos malas contestaciones, o simplemente no has recibido ninguna respuesta ante unas simples ¡gracias!, se te quitan las ganas de volver a dar las gracias o a sonreirle a alguien en tu vida, y probablemente la siguiente persona que te atienda pagará sin merecerlo la mala educación del anterior, lo que provocará que éste a su vez deje de ser amable con el siguiente cliente y así hasta que alguien suelte una manita, pezuña, o similar.

Y por eso, aunque lleve toda la mañana con ganas de partirle la boca a cada maleducado caraperro con el que he topado, he decidido que nadie va a conseguir que deje de dar las gracias, unas gracias sinceras acompañadas de una sonrisa... ese placer no me lo quita nadie.

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