
Un día amaneces en el centro de Madrid (o cualquier otra ciudad grande) y cuando consigues incorporarte de la cama y a duras penas te forjas un café, te sientas delante del portátil para comenzar como cada día abrazado a varias pestañas con correo, blogs, readers, 'reders'... hasta que por fin arranque la neurona, y cuando por fin arranca piensas: 'joder, qué cansado estoy'.
En ese momento empiezas a recordar... a la 1 de la madrugada pasó el camión de la basura. Siempre me los imagino vestidos con raídas ropas de miliciano y un casco de cuero con gafas de aviador, subidos en un descomunal 'boogie' recubierto con planchas metálicas y equipado con inmensas taladradoras y toda suerte de armas de destrucción masiva, como una grotesca aleación entre Mad Max y Aviador Dro. A las 2:30 la vecina de arriba terminó su ritual de cada noche que consiste básicamente en recorrese la casa andando sobre sus talones, descargando con exuberante virulencia sus 110 kilos sobre mi cabeza. A las 5:10 comezó el atasco del alba, en el que los más madrugadores aprovechan esos ratos inmóviles para acelerar a tope a ver si se caldea la calefacción mientras hacen uso constante del cláxon del coche, como anunciando el nuevo día. A las 8:30 las calles de Madrid se llenan de camionetas de reparto en segunda fila. Nunca había reparado en el ruido que pueden llegar a hacer las cajas de coca-cola vacías cuando se lanzan contra una una furgoneta desde el otro lado de la acera, mientras una fila de coches que espera a que les dejen pasar muestra su impaciencia haciendo sonar doblemente sus 'pitos', como fichas de una partida de dominó...
Y empiezas a hacer uso de la neurona y piensas... ¿y a qué hora he dormido yo?, vamos a ver, entre 2:30 y 5:10 he dormitado 2 horas y algo. Entre las 6:00 y las 8:30 he dormitado otras 2 horas y pico. Bueno, más o menos en la media.
Y al día siguiente amaneces en el pueblito. Suena el despertador, como cada día a las 9:30 (para los que hayan empezado a despotricar explicaré que muchos días a las 12 de la noche aún sigo currando). Te despiertas despacito, te estiras aún dentro de la cama. Peregrinas a la cocina a fabricarte el café y mientras te sientas a a ver qué arranca antes, la neurona o el ordenador, piensas: 'Joder qué bien he dormido, así del tirón, casi 9 horas'.
Hoy está siendo un buen día, y es que no hay duda de que el sueño es una de las condiciones indispensables para una vida de calidad, y esta ciudad que tanto quiero es sin duda el arquetipo de lo que podríamos llamar 'la estridente vigilia perpetua'.
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