Hace exactamente 5 días advertíamos del riesgo que corre nuestra justicia en manos de un entusiasta religioso. Ayer, el beato D. Carlos Dívar tomó posesión del trono de la justicia española como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, y hoy, un sólo día después de su coronación, ha empezado a ejercer la justicia de Dios.
Como informa 20 Minutos, "El Tribunal Supremo ha decidido admitir el recurso del Arzobispado de Valencia y anular la resolución de la Agencia de Protección de Datos, de 23 de mayo de 2006, por la que le obligaba a realizar una anotación marginal en la partida de bautismo de un ciudadano que había pedido cancelar su incripción"
¿Y qué significa esto?. Pues algo tan sencillo como que el hecho de apostatar se convierta en algo prácticamente imposible en la España democrática y aconfesional del siglo XXI. Todos aquellos que teníamos en mente la apostasía como un breve e inocuo gesto de liberación conocíamos la puerta que la Agencia Española de Protección de Datos había abierto al exigir a los Arzobispados que cumplieran el derecho de anulación o rectificación que todo ciudadano español tiene sobre los ficheros existentes con sus datos -algo que de otra forma la Iglesia se niega rotundamente a hacer-, pero este bendito señor, delegado de la Diosa Justicia en la tierra, ha puesto al Todopoderoso en una de las bandejas de la balanza, y no hay contrapeso para semejante dignatario.
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