100 diás alrededor del mundo - Phnom Penh (II), la cuna imperial
Autor: Stevie (Monday, 08 de March de 2010)
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Por fin decidí, tras un mes y medio de viaje, dedicar una jornada al turismo más tradicional. A primera hora de la mañana me dirigí al Museo Nacional, un pequeño museo arqueológico que mostraba sin pudor la absoluta grandeza de aquel misteriosos imperio tan desconocido para el mundo occidental.

Paseé por sus galerías abriéndome paso entre las hordas de turistas franceses que lo abarrotaban y descubriendo, entre las cientos de miles de millones de estatuas de Buda, algunas sorprendentes piezas que atestiguaban lo grandioso de su pasado, desde la época prehistórica hasta el imperio de Angkor. Bellísimas cerámicas, esculturas y tallas en plata o porcelana junto a breves textos explicativos eran una prueba irrefutable de la gloria de aquellos sucesivos imperios que llegaron a extenderse hasta los límites de Tailandia, Birmania, Vietnam o Malasia. Me sorprendió el hecho de que jamás, durante todas mis etapas de estudiante, alguien siquiera hubiera mencionado la existencia de aquella imponente civilización.
Más tarde recorrí los jardines del Palacio Real, de nuevo sorteando interminables camarillas de excursionistas y camarógrafos amateur que ocasionalmente me permitían deleitarme con sus hermosos edificios, como la Pagoda de plata o la Sala del trono, y las delicadas esculturas y pequeños altares que flanqueaban los pasajes del recinto. Me sorprendí rechazando las risueñas ofertas de los conductores de motos y tuk-tuk para ir a ver los campos de exterminio, una espeluznante evidencia de la crueldad de los Jemeres Rojos bajo cuyo régimen murieron casi 2 millones de camboyanos. No encontré las palabras para sugerirles que semejante genocidio no debía ser motivo de júbilo ni debía ser utilizado como cebo para timar a algún turista despistado; seguía sin entender cómo un país que había pasado por semejante sucesión de desgracias podía reflejar tanta felicidad. Por fin volví a recorrer las interminables galerías de algunos de sus agitados mercados antes de dirigirme de vuelta a la terraza de la pensión a disfrutar de otra extensa charla con Philipp y algunos viajeros por allí deambulaban.
Por la noche, tras recuperar mi pasaporte y preparar a 20-p-k para la aventura del día siguiente, vagué por las bulliciosas calles de esa capital que tanto me había apasionado y a la que no sabía cuándo habría de regresar. La actividad callejera, que seguía siendo frenética, se entremezclaba con la de decenas de locales de copas embozados en rutilantes neones y custodiados por porteros que reclamaban obstinadamente la atención de los transeúntes. Escogí uno de ellos al azar y me dispuse a tomar una copa de despedida.
No había terminado de pedirla cuando mis brazos fueron requisados por los de dos preciosas damas que, con una sonrisa que casi les circundaba la cabeza, me pedían que les invitara a un trago. ‘Más animadoras’, pensé, ‘creo que ya he tenido suficiente de esto’, pero una escurridiza mano que se depositó delicadamente sobre mis partes virtuosas me sacó de mi error. ‘¡por Tutatis!… ¡son putas!’ y mientras les intentaba explicar, por medio de unos gestos que no querían entender, que no estaba interesado, me bebí casi de un trago la copa y me deslicé fuera de aquella casa de lenocinio donde la tentación se había disfrazado de adorables muñequitas de ojos rasgados y libido pródiga.
Aquello se me antojó una maniobra del destino que no deseaba verme perder otro autobús y entendí que mi misión era dirigirme a mi barraca y dedicar el resto de la noche a la lectura. ‘Así sea’, concluí mientras caminaba muy despacio por las iluminadas calles de aquella fascinante ciudad, morada de la cuna imperial.
EXTRACTO DE LECTURA. […]Entre 1975 y 1979 el gobierno estalinista de Pol Pot, conocido como Jemeres Rojos, perpetró uno de los mayores genocidios del siglo XX al ser responsable de la muerte de casi 2 millones de personas. En nombre de algo que dio en llamar ‘ingeniería social’, los Jemeres Rojos persiguieron a todos los intelectuales, seguidores de diversas religiones, miembros de distintos grupos étnicos y en general cualquiera que no fuera útil para su modelo de economía agraria. Tras hacinarlos en campos de concentración a lo largo y ancho del país los dejaban morir de hambre y malaria, o simplemente los exterminaban, muchas veces a golpe de pico a fin de ahorrar balas.
En 1979 Vietnam, con el apoyo de la Unión Soviética, invadió Camboya, lo que generó una inmediata reacción por parte del gobierno de la República Popular de China que pretendió, por su parte, invadir el norte de Vietnam. Los años siguientes supusieron una interminable guerra entre los dos bandos, los Jemeres Rojos de Pol Pot, apoyados por China, Gran Bretaña y Estados Unidos, y los invasores vietnamitas que, junto a las facciones rebeldes camboyanas, controlaban gran parte del país. En 1991 por fin se declaró la paz, aunque tantos años de guerra civil dejaron al antiguo protectorado francés absolutamente devastado y plagado de minas anti persona[…]
NOTA 13. A pesar de mi extraña experiencia en Sihanoukville me siento totalmente emocionado por estar en este país lleno de gente amable y sonriente. Además Phnom Penh es una ciudad increíble. Me alegro de haber encontrado al fin una gran ciudad que me guste. Me encantaría pasar por aquí algunos días más pero mi agenda comienza a estar algo apretada, quizá a la vuelta pueda dedicarle algún tiempo.
NOTA 14. Me molesta profundamente la actitud de desprecio de muchos turistas ante la insistencia de conductores de tuk-tuk y vendedores en general. ¡Éste es su país y comercian como les salga de los huevos! , sólo faltaría que viniéramos los extranjeros a explicarles cómo hacer sus cosas… en fin.
NOTA 15. Tengo una sensación extraña con las mujeres locales. Son tremendamente hermosas y amables pero siempre me acecha la idea de que sus intenciones no son del todo inocentes y no querría favorecer de ninguna manera su explotación. Sospecho que puede ser un tema polémico
100 días alrededor del mundo - Todos los capítulos:
Parte primera - África:
Sudáfrica:
Mozambique:
- Beira, atrapado en el infierno
- Quelimane, caminando se hace camino
- Ilha de Moçambique, el descaso del guerrero Mandinga
- Tren a Cuamba, en pos de la frontera
Malaui:
- Malaui, el país de la eterna sonrisa
- Senga Bay, de tradiciones y playas
- Liwonde National Park, el día de las bestias
- Dedza, la lujuriosa noche africana
- Mtendere, la misión
Mozambique:
Suazilandia:
Multimedia:
Parte segunda - Sudeste Asiático:
Camboya:
- Camboya, el sonriente reino jemer
- Sihanoukville, pesadilla en Benidorm
- Phnom Penh (I), la excelencia del caos
- Phnom Penh (II), la cuna imperial
- Kratie, el ocaso de los delfines
- Banlung, el otoño perpetuo
- Virachey, de etnias y junglas
Laos:
- Si Pan Don, las 4.000 islas
- Bolaven Plateau (I), easy riding…
- Bolaven Plateau (II), la ruta del altiplano
- Bolaven Plateau (III), cazadores de cataratas
Camboya
Multimedia:
Parte tercera - Japón:
Tokio:
Multimedia:
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