100 días alrededor del mundo - Ilha de Moçambique, el descaso del guerrero Mandinga
Autor: Stevie (Thursday, 11 de February de 2010)
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Y por fin, la paz. Cuando deposité todos mis aperos de ‘viajanza’ en la habitación del hostal ‘Casa De Luis’ (muy recomendado) era ya de noche. Reparé brevemente en que los bolsillos laterales de 20-p-k estaban vacíos, seguramente por la acción de algún mozo de carga del aeropuerto, y, dejando para más tarde el análisis de bajas colaterales, salí a charlar animadamente con la familia de Luis, el propietario del hostal.

Su colosal señora me hizo un somero repaso a las bondades de la isla, los restaurantes de mayor calidad y los servicios que ella misma ofrecía, como el desayuno o el servicio de lavandería. Sin más demora que lo que tardé en entregarle a la inmensa matrona mi ropa sucia, me dirigí a uno de esos exquisitos comedores donde servían exclusivamente el pescado del día y cerveza. Perfecto para los indecisos además de ser mi comida favorita.
En medio de la cena me asaltó una dama completamente borracha esputando extrañas consignas. La señora llevaba tal pedo que no acertaba a entender si me hablaba en portugués o en alguna lengua Bantú, pero sin apartar la sonrisa de mi rostro le seguí el juego hasta que se aburrió. Entonces se acercó a otra mesa donde un tipo mayor, rubio y bastante quemado por el sol intentaba acabar su pez y su cerveza tranquilamente. Éste siguió la misma técnica y durante toda la cena nos estuvimos pasando a la borracha de una mesa a otra como si de un frenético juego de Beodoball se tratara. El tipo me cayó bastante simpático, pero mi estado no era de lo más social así que opté por dirigirme de vuelta a mi hostal y proyectarme contra la cama con moderada violencia.
El día siguiente lo dediqué a pasear por la pequeña isla y a maravillarme con sus palacios convertidos en museos, su imponente fuerte portugués, sus pequeñas callejuelas y sus playas repletas de gentes locales realizando sus abluciones diarias. Tras unas horas conocía a toda la juventud isleña que, sin una ocupación definida, pasaban las horas deambulando por las calles en busca de algún entretenimiento. Comenzaron a llamarme 'el espanhol' y a proponerme enrevesados choques de mano a cada nuevo encuentro, o a hacerme insistentes preguntas sobre mi estado civil. Me sentí como en casa. A media tarde me dirigí de nuevo a la terraza de la noche anterior y me senté a tomar otra de esas maravillosas Manica heladas de medio litro. Reparé en que el tipo ‘acangrejado’ de la noche anterior se estaba trabajando otras tantas en la mesa de al lado y comenzamos a charlar.
Jim resultó ser un personaje encantador. Inglés, de cincuenta y tantos y viajero de profesión, había recorrido más de 150 países de los que recordaba cada detalle con sorprendente claridad. Era, además, un competente bebedor de cerveza que se mantenía durante todo el día en ese limbo entre la embriaguez y la razón, haciendo gala de un ingenio de considerables proporciones. Un pedete lúcido, vamos. Viajaba desde hacía unas semanas con Nelly, una bella aventurera norteamericana de 30 años que también disponía de un amplio repertorio de episodios sorprendentes para relatar. Hubo una tremenda conexión desde el principio y tras un par de días de tranquilidad, sol, pescado y cerveza, acordamos imbuirnos de nuevo, juntos, en el África más sugerente, en dirección a Malaui.
La última noche en la apacible isla me quedé en el hostal y me dediqué a leer algo sobre la historia de Moz y a realizar algunas anotaciones de mis primeras impresiones sobre el espectacular país, otro de esos cuya historia pone los pelos de punta.
EXTRACTO DE LECTURA 1
NOTA 1
Las gentes locales son alegres y, a pesar de que la primera impresión pueda ser de indiferencia o incluso de bordería, en especial en las zonas menos visitadas por extranjeros, si uno es capaz de ir un poco más allá y entender el miedo que sus habitantes han tenido que pasar y lo extraño que es, aún hoy en día, ver turistas por estas tierras, no es difícil arrancar esa primera capa y acceder a una sonrisa sincera y a una conversación llena de guasa y buen rollo.
NOTA 2
A pesar de la extremada pobreza del país los precios son desorbitadamente caros. Por ejemplo una noche en una pensión cutre puede rondar los 17 €, una comida local los 7€, un vuelo doméstico los 100 € y un autobús interurbano los 15 €. Esto está muy por encima de los precios de otros países del tercer mundo notablemente más ‘ricos’. Tendré que vigilar mi presupuesto.
NOTA 3
Me llama la atención el color de la piel de sus habitantes, entre ébano y negro (no negro-marrón sino negro del de los heavies). No es habitual ver por EE.UU. o Europa un color de piel tan oscuro, de hecho creo que nunca lo había visto. Tampoco es extraño ver a negros albinos, aunque siempre andan solos y evitan el contacto con otras personas. Tendré que investigar por qué.
NOTA 4
Me sorprende la influencia que el mundo árabe ha tenido por estas tierras. No es extraño ver por todas partes locales vestidos con ropas propias de esas culturas o escuchar en cada ciudad la llamada a la oración desde los minaretes de las mezquitas que existen en todas ellas. La que peor llevo es la de las 3 de la mañana, ¡cagoentó!. Me pregunto si la costumbre de los hombres locales de caminar cogidos de la mano tiene que algo que ver con esto.
NOTA 5
Pensaba que Mozambique era más turístico pero apenas he visto viajeros en hasta que he llegado a la Ilha. Me alegro de haber encontrado a Jim y a Nelly. Aunque viajar solo tiene su cuota de aventura no termino de conectar al 100% con la gente local. No tenemos los mismos intereses, ni el mismo humor y echaba de menos conversaciones sobre algún tema de actualidad

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Comentarios:
Fenomenal cuaderno de viaje Stevie; gracias por los buenos ratos pasados con estos relatos. Saludos desde Finlandia. Volvemos a seguir tu isla por RinSSoti ; ) G.
Gracias mil Goyo, me ilusiona mucho ver que lo seguís y además es casi como vivierlo de nuevo.
Abrazos!!!
Hola Esteban! Soy Floren. Estoy disfrutando mucho con tu viaje y me pregunto si vas a continuar contándonos todo lo que queda. No conozco Sudamérica y poco de Asia, pero he tenido la enorme suerte de recorrer mas países de Africa que casi los que conozco de Europa y desde el principio la magia de la luz, las estrellas infinitas y sus habitantes maravillosos me enganchó y cambió para siempre mi concepción de cómo pasar mi tiempo libre. Tu narración me traslada de nuevo a los paisajes de tierra roja, tan intensos y a esa sensación de libertad que no he encontrado en ninguna otra parte. Me alegro mucho que hayas disfrutado tanto. Te mando muchos besos y te deseo, no sin una pizca de envidia por tu valentía, mucha mucha suerte!!
Floren, qué alegría verte por aquí!. Gracias por tu comentario, es verdad que África deja huella y estar escribiendo toda la aventura desde el principio me está haciendo revivirlo casi como si estuviera viajando de nuevo.
Iré publicando toda la historia poco a poco, según me vayan permitiendo las obligaciones.
Un beso y bienvenida a La Isla!!
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