100 días alrededor del mundo - Dedza, la lujuriosa noche africana
Autor: Stevie (Tuesday, 23 de February de 2010)
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En Dezda busqué una habitación durante muchísimo rato hasta que por fin di con una en una decadente pensión subvencionada por el gobierno, en uno de los extremos del pueblo. Su fachada hacía prever lo que iba a encontrar dentro.
Una habitación cuyas paredes habían cedido al peso de una pintura que podía datar de la época colonial y cuyo techo había perdido el contacto con los paneles que lo cubría permitiendo que estos colgaran de frágiles cables sobre los dos metros cuadrados del cubículo. En el centro un colchón amarillento y lleno de manchas reposaba sobre unos hierros oxidados que hacían las veces de somier, todo ello cubierto por una mosquitera tan agujereada que sólo me hubiera podido proteger de algún insecto cuyo nombre fuera ‘abeja búfalo’.
No tenía alternativa así que, tras decidir que antes o después habría de aprender a dormir de pie y que éste era un buen momento para ello, deposité mis pertenencias y salí a la calle a explorar aquel colorido pueblo fronterizo ubicado a ambos lados de una transitada carretera nacional.
Aún con mi primera cerveza en la mano comencé a conversar con un grupo de locales que bebían animadamente y que resultaron ser de lo más cordiales, además de hablar perfectamente inglés y de conocer íntegra la alineación del equipo español que ganó la Eurocopa. Cuando salimos de nuestro intenso intercambio cultural era de noche profunda y sobre la tabla que hacía las veces de mesa había tantos cascos de cerveza vacíos que algunos se sostenían peligrosamente sobre la mitad de su culo, al borde del abismo. –‘Let’s go somewhere else!’- me propusieron animadamente. No tenía ningunas ganas de afrontar las bondades de mi nuevo hogar así que tras concluir la última cerveza me metí en un coche desvencijado en el que ya se habían acomodado seis personas y juntos nos dirigimos a recorrer la animada y misteriosa noche fronteriza.
Los sitios a los que me llevaron fueron perdiendo su dignidad de forma paralela a la nuestra, según avanzaba la noche. Cochambrosos ‘shabeen’ ubicados en las profundidades de lo que a mí se me antojó la selva, dada la tupida vegetación que los envolvía, alojaban un impresionante abanico de personajes locales. Sudados sementales totalmente alcoholizados y mujeres de dudosa reputación y fútil vestimenta bailaban al ritmo de una atronadora música, restregando sus cuerpos con absoluta lascivia. Oscuros personajes los observaban fumando una hierba que desprendía un olor similar al del estiércol mientras alguna camarera totalmente drogada cambiaba mecánicamente sus cervezas vacías por nuevas botellas sin reparar en que el tirante del vestido había cedido dejando al descubierto un inmenso y negro pecho. Jóvencitas en edad de estudiar mostraban insolentes sus cuerpos esperando que algún parroquiano hubiera hecho suficiente dinero ese día como para llevárselas a algún sembrado cercano, mientras en las pantallas de algunos arcaicos televisores colocados por la barra se sucedían escenas de películas de porno interracial… Una vez asumido el ‘estilo’ del local y tras unas cuantas rondas de cerveza volvíamos a apretujarnos en aquel ruinoso coche sin amortiguación y nos trasladábamos a otro local que, habitualmente, superaba al anterior.
No sé cuántas horas duró la expedición, cuántos locales visitamos o cuántos litros de cerveza bebimos hasta que por fin terminamos en el que, según me dijeron, era único local 'legal' del pueblo. El sitio tenía mucho mejor aspecto que los anteriores y decenas de jóvenes locales bailaban animadamente la música de unos tal 'The Black Misionaries', la banda de culto del momento, mientras yo recordaba que esa misma mañana había estado fotografiando hipopótamos en las profundidades de la sabana malauí. Una de las veces en que desperté de estas cábalas topé con el intenso escrutinio al que, desde la otra punta de la barra, me sometía una doncella de belleza sin par. Por un segundo dejé de escuchar la música y toda la panorámica que rodeaba aquella inefable visión celestial se empezó a desenfocar. Sólo existió ella…
Nos pusimos a charlar. Era extremadamente sensual y su finísimo vestido transparentaba unas curvas tan marcadas que mis ojos se independizaron uno de otro para poder abarcar toda aquella ponderación carnal. Sus inmensos ojos negros se clavaban esporádicamente en los míos, agrupándolos de nuevo e hipnotizándome hasta el delirio. Entre frase y frase pasaba lentamente su lasciva lengua por los labios, tan gruesos que un solo beso suyo podría convertir un estanque en una casa real. Tras un largo rato de risas y vino observé a mis anfitriones al otro lado de la barra indagando, por señas, sobre los extraños motivos que me impedían abandonar el local en compañía de aquella dama. Sopesé la situación: Mi cerebro estaba totalmente sometido a las bondades de la cerveza y la música local. Por la mañana tenía planeado ir a una misión católica. Estaba a punto de amanecer y el día, que había comezado muchísimas horas antes con una manada de paquidermos aporreando mis sueños en otro extremo del país, había sido probablemente el más intenso de todo el viaje.
Y así, sin más controversia, aquella Diosa entre las Diosas sometió mi voluntad a los intensos placeres del ébano y la lujuria.
100 días alrededor del mundo - Todos los capítulos:
Parte primera - África:
Sudáfrica:
Mozambique:
- Beira, atrapado en el infierno
- Quelimane, caminando se hace camino
- Ilha de Moçambique, el descaso del guerrero Mandinga
- Tren a Cuamba, en pos de la frontera
Malaui:
- Malaui, el país de la eterna sonrisa
- Senga Bay, de tradiciones y playas
- Liwonde National Park, el día de las bestias
- Dedza, la lujuriosa noche africana
- Mtendere, la misión
Mozambique:
Suazilandia:
Multimedia:
Parte segunda - Sudeste Asiático:
Camboya:
- Camboya, el sonriente reino jemer
- Sihanoukville, pesadilla en Benidorm
- Phnom Penh (I), la excelencia del caos
- Phnom Penh (II), la cuna imperial
- Kratie, el ocaso de los delfines
- Banlung, el otoño perpetuo
- Virachey, de etnias y junglas
Laos:
- Si Pan Don, las 4.000 islas
- Bolaven Plateau (I), easy riding…
- Bolaven Plateau (II), la ruta del altiplano
- Bolaven Plateau (III), cazadores de cataratas
Camboya
Multimedia:
Parte tercera - Japón:
Tokio:
Multimedia:
Comentarios:
Me he puesto hasta cachondo...!!! no tardes en contar la 2ª parte...
Mola el reggae de los Black Missionaries esos...
- GB -
Oíga, que esto no es un blog erótico... creo.
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